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La filosofía ante el dolor, el azary el absurdo. El problema del sentido de la vida

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  Vivir como un ser humano, salir del sueño o caverna de la inconsciencia, preguntarse por todo, tener que tomar decisiones, desear ser cada vez mejores… Todo esto está muy bien, pero también es duro. Vivir como un ser humano… ¡duele! En el mito bíblico se simboliza con la expulsión del paraíso donde vivíamos bajo la tutela de Dios. Dios nos expulsa como un padre que echara de su casa a un hijo rebelde, anunciándonos además toda suerte de trabajos y desdichas. Y en efecto: fuera del paraíso (o de la infancia, o de nuestra mera condición animal) la vida no es fácil. No solo porque tengamos que decidir y responder de todo lo que hacemos (ya no podemos echarles las “culpas” a otro). También porque, de pronto, nos encontramos a la intemperie, desnudos y solos ante un mundo desconocido, en el que andamos continuamente expuestos al error y al dolor.    El aplomo del sabio   Vivir, crecer, generan dolor y, por tanto, miedo. El miedo es el efecto de anticipar imaginariamente...

¿Hay una ciencia de lo bueno y lo justo? Universalidad y relatividad de los valores.

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    Ser libres es elegir lo que nosotros (y no otros, ni las circunstancias, ni el destino…) queremos. Ahora bien, ¿por qué queremos lo que queremos? Excluyendo el extraño caso de que queramos algo por puro capricho irracional (como el que decide echando dados), y sea por un impulso de la razón o por un cálculo racional, siempre va a ocurrir que queramos lo que creemos (pensamos, sentimos…) que es bueno. Nadie es tan tonto, o está tan loco, como para preferir lo que cree que es malo. ¿Pero y el que escoge el “mal” (robar, matar, provocar un genocidio…), o lo que aparentemente no le conviene (drogarse, no hacer deporte, conducir a toda velocidad…)? ¿Está realmente escogiendo algo “malo” o inconveniente? Algunos filósofos piensan que no. Todo el mundo – dicen – escoge lo que cree que es mejor (o menos malo). Otra cosa es que estén equivocados y tomen por bueno o conveniente lo que realmente no lo es… Esto último conduce a la idea de que, para ser realmente bueno, sin equiv...

¿Podemos querer libremente lo que queremos? Determinismo, conocimiento y libertad.

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     Crecer, desarrollarse como seres humanos tiene mucho que ver con ser libres y autónomos, es decir, con pensar y juzgar las cosas por nosotros mismos, como seres racionales que somos, en lugar de limitarnos a obedecer órdenes o ser utilizados como marionetas por otras personas (en ese caso nos comportaríamos de forma heterónoma , que es lo contrario de ser autónomos) [1] .   Además, ser libres y autónomos tiene relación con actuar dignamente (como los seres o personas que somos), con nuestra soberanía democrática y con la noción de responsabilidad. Ahora bien, ¿en qué consiste ser libres? La cultura nos da en ocasiones una visión frívola y falsa de la libertad, según la cual esta consiste en hacer lo que queramos sin encontrar obstáculos (casi como si fuéramos omnipotentes). Además, suele confundirla con una suerte de sensación o estado emotivo, ligado casi siempre al placer, el juego, el viaje exótico, el disfrute de ciertos objetos de lujo, etc. ¿Pero qu...

Dudo, luego filosofo. De Sócrates a Descartes.

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Según vimos en la sesión anterior, el  amor a la sabiduría  (es decir, la filosofía) es el modo idóneo de engrandecer y perfeccionar el alma, de ser más y mejores. Ahora bien, ¿por qué habíamos de creernos tal cosa? Al fin y al cabo, lo que os conté estaba trufado de mitos. Anclar el origen y necesidad de la filosofía en mitos parece, cuando menos, dudoso… Pero he aquí que la duda es otra de las manifestaciones de nuestra supuesta “naturaleza filosófica”. Dicen que decía ese maestro de maestros que fue Sócrates que no había en Grecia nadie más sabio que él. Pues solo él –decía este paladín de la ironía— tenía claro que no tenía claro nada.  Solo sé que no sé nada , decía saber Sócrates, y justo por eso, por saber que no sabía, era por lo que aspiraba a saber “de verdad”. Ahora bien, ¿qué diferencia hay entre un “saber de verdad” y un falso saber (es decir, un saber que no lo es)? Todos tenemos la cabeza llena de representaciones o creencias: percibimos, imaginamos, so...